Fue el propio Presidente de la República quien –sin quererlo- bautizó con la sigla de GAP a ese equipo de hombres que se convirtió casi en una leyenda. Desde mediados de su campaña electoral, que lo llevó a ocupar la primera magistratura de la nación el 4 de Septiembre de 1970, el GAP acompaño y tuvo como principal y única tarea durante los mil días de su gobierno el velar por su vida.
El dispositivo de seguridad presidencial –por el que pasaron unos 120 hombres, todos jóvenes militantes en su mayoría del Partido Socialista- fue tema recurrente de la prensa opositora a Allende y sirvió para llenar páginas, grandes titulares o acusadoras fotos de la vida ”delictual” a diarios y revistas. Después del golpe militar, la revista ”Vea” publicó un reportaje sobre la historia de delitos del GAP, el que acompañó con numerosas fotografías que intentaban demostrar la veracidad de las acusaciones. La prensa internacional en esos días recibía y recogía radiofotos enviadas por sus corresponsales en Chile de lo que había sido el combate en La Moneda. En la mayoría de ellas, junto a Allende aparecían estos hombres civiles y jóvenes que cumplieron con su mission hasta el ultimo minuto: defender la vida del “compañero Allende”.

sábado, 26 de septiembre de 2015

La Residencia Presidencial de Tomás Moro

Residencia Presidencial de Tomas Moro

La Residencia de los Presidentes de Chile.

La Casa presidencial de Tomás Moro es un inmueble ubicado en la Avenida Tomás Moro número 200, en la comuna de Las Condes en Santiago de Chile. Fue la residencia oficial del Presidente de la República Salvador Allende.

La casa fue edificada en 1938, con un marcado estilo español. El Fisco compró la casa en febrero de 1971, para servir como residencia de los Presidentes de Chile. En septiembre de ese año se agregó a la propiedad un predio colindante donado por la Congregación de religiosas del Sagrado Corazón de Jesús.

En 1972, a pedido de Allende, la muralista María Martner realiza en la entrada de la residencia un mural de piedras chilenas - cuarzo, lapislázuli, ágatas, jaspe, entre otras – de 3x5 metros con forma del escudo de Chile.

La mañana del 11 de septiembre de 1973, el Presidente Allende salió desde aquí al Palacio de La Moneda. Durante dichos eventos la residencia presidencial fue bombardeada por los mismos aviones que atacaron la sede de gobierno, aunque sus ocupantes lograron escapar ilesos; posteriormente el lugar fue saqueado. 

El inmueble tras el Golpe de Estado fue traspasado al Consejo Nacional de Protección a la Ancianidad (Conapran), vinculado con la Fuerza Aérea de Chile, su actual ocupante. Así mismo, el Escudo Nacional del Acceso fue cubierto con sucesivas capas de oleo. 

El año 2006, el Artista y Gestor Cultural Francisco Cuadrado Prats llevó adelante el proceso de rescate de dicha obra.

 

Salvador Allende con su esposa Hortensia Bussi rodeado de sus nietos.

 

Nuestro homenaje a los héroes de la Resistencia Chilena

la heroica resistencia chilena

Fieles al legado de Salvador Allende.

Ellos escribieron una página gloriosa de nuestra historia y su memoria debe ser reivindicada sin vacilaciones para impedir que el oportunismo político silencie el reconocimiento que se merecen los que lucharon y murieron por la libertad de Chile. Este homenaje quiere honrar el ejemplo de los hombres y mujeres que impulsaron todas las formas de lucha para poner fin a la más odiosa tiranía que ha conocido nuestra patria. Entre 1973 y comienzos de 1990, las FF.AA. y Carabineros, y el gran empresariado nacional y extranjero, aplicaron las formas más crueles y perversas del terrorismo de Estado. Los testimonios de sobrevivientes de la tortura y testigos de crímenes cometidos por los agentes de la Dina y la CNI -en su mayoría miembros de las FF.AA. y Carabineros-, todavía causan horror y amedrentan a muchos que evitan participar en la lucha social y política.

Ellos se preguntan -con razón- si las instituciones armadas no serían capaces de volver a cometer los atropellos y aberraciones con que martirizaron al pueblo durante esos 17 años de espanto. Las FF.AA. no han sido democratizadas y permanecen leales a los intereses golpistas del 73. Tampoco han ayudado a esclarecer la suerte que corrieron los detenidos desaparecidos. La respuesta al terrorismo de Estado fue la Resistencia que impulsaron los sectores más avanzados del pueblo. Partidos ilegalizados como el MIR, el PC, PS, la Izquierda Cristiana y el Mapu aprendieron a sobrevivir en rigurosas condiciones de clandestinidad.

Chile no sufría una dictadura militar desde hacía cuarenta años y los métodos de trabajo clandestino eran desconocidos para una Izquierda que no fue preparada para afrontar el golpe de Estado. Eso significó elevados costos en vidas y la prisión y exilio para miles de cuadros. Su readecuación a las nuevas condiciones, permitió a la Izquierda evitar la liquidación física que pretendía el terrorismo de Estado. Sin embardo, las bajas que sufrió la Resistencia fueron grandes. Cayeron jóvenes dirigentes revolucionarios de la talla de Miguel Enríquez en el MIR, Arnoldo Camú en el PS. No obstante, las masas populares logró propinar golpes importantes que mostraron la vulnerabilidad de la dictadura y contribuyeron a su debilitamiento.

El Partido Socialista de Chile dio inicio a una heroica lucha de masas rupturista con perspectiva inssurrecional que debía culminar con el alzamiento del pueblo. Heroicos socialistas enfrentando toda la brutal represión de la Dictadura comienzan a reorganizar el PS, adaptando su estructura orgánica para los embates de la represión y a las duras condiciones de lucha en la clandestinidad. Valiosos cuadros que se encontraban en el exilio regresaron clandestinamente, entre ellos el joven Carlos Godoy Echegoyen. Eduardo Charme.

Surgieron así las primeras acciones de enfrentamiento y sabotaje que se afianzaron con la creación de los Destacamentos Populares 5 de Abril. A su vez, el Partido Comunista puso en marcha su estrategia de rebelión popular de masas y creó el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que llevó a cabo audaces acciones armadas.

Penosa y esforzadamente, pagando un costo que puso a prueba el valor y voluntad de lucha de la Resistencia, se crearon las condiciones que en 1990 obligaron a las FF.AA. a retirarse a sus cuarteles. El triunfo del No en el plebiscito de 1988 pavimentó el camino a la “transición pactada”, que impusieron el Departamento de Estado, el Vaticano y gobiernos europeos. En ese desenlace tuvieron mucho que ver -aunque la historia oficial lo oculte- las acciones armadas y de masas de las organizaciones de la Resistencia Chilena.

Un pueblo que ignoraba las formas más elevadas de lucha, las había puesto en práctica con singular valor. Complejos requerimientos se habían resuelto con audacia y creatividad. Las formas clandestinas de vida se generalizaron.

La infraestructura, los impecables documentos de identidad falsos, el trasiego de personas y recursos a través de las fronteras se multiplicaron, se construyeron escondites y depósitos, se fabricaron ingeniosos barretines para el transporte de materiales, mensajes cifrados y prensa clandestina, se multiplicaron las interferencias de las señales de radios y televisión con proclamas revolucionarias, se escucharon los mensajes cargados de muerte que intercambiaban las patrullas de la CNI, se exploraron ciudades y campos para instalar escuelas de cuadros en clandestinidad, etc. Alentado por la lucha clandestina, se intensificó el heroico trabajo de los familiares de presos políticos y víctimas de la represión, nacieron las organizaciones defensoras de los derechos humanos, las bolsas de cesantes y los “comprando juntos”, que conformaron un arco impresionante de Resistencia Popular. Es una historia todavía desconocida que tuvo miles de protagonistas anónimos.

El pueblo chileno se engrandeció en esa hora de prueba. La extensión y radicalización de la lucha introdujo un factor determinante en las negociaciones de la “transición pactada”. Existía la posibilidad de que ese proceso madurara hasta alcanzar la fuerza necesaria para derrocar a la dictadura. Esto habría significado lo contrario a la “transición pactada”: un gobierno de democracia avanzada en lo social y político.

Frente a ese peligro, el imperio impuso el traspaso del gobierno a las manos confiables de la Socialdemocracia y la Democracia Cristiana, que ejercen tales funciones desde hace más de un cuarto de siglo. Sin embargo, la historia no ha terminado, recién comienza. La experiencia que acumuló el pueblo chileno -que se inicia con el ejemplo combatiente de Salvador Allende en La Moneda-, es un legado que debemos cuidar. A esto obedece nuestro llamado a rendir homenaje a los mártires del GAP a esos "elenos" que fueron los héroes y los primeros mártires de la Resistencia al Fascismo. Ellos son nuestros héroes y mártires y por siempre les llevamos en la memoria.

 

Identifican a 11 asesores del Presidente Allende asesinados en Peldehue

Mártires del GAP

El horror causado por la jauría civico-militar de la Dictadura.

La confirmación de identidades la hizo la Unidad de Derechos Humanos del Servicio Médico Legal con apoyo de un laboratorio genético austríaco. Ellos sufrieron una doble muerte: las balas de la metralla y el desentierro para desaparecer en el mar.

Los restos de 11 detenidos desaparecidos arrestados el día del golpe militar en el Palacio de La Moneda, fueron definitivamente identificados por el Servicio Médico Legal con la colaboración del laboratorio de genética de Innsbruck en Austria.

La información fue entregada ayer a los familiares por el director del SML, doctor Patricio Bustos, quien previamente había entregado los informes al juez Juan Fuentes Belmar que instruye la causa por los desaparecidos de La Moneda.

Las identidades corresponden a Enrique Paris Roa, 40 años al momento de su detención; Héctor Pincheira Núñez, (28); Óscar Lagos Ríos (21); Julio Moreno Pulgar (24), Julio Tapia Martínez (24),Héctor Urrutia Molina (22), Juan Vargas Contreras (23), Óscar Avilés Jofré (28), Jaime Sotelo Ojeda(33), Manuel Castro Zamorano (23) y Luis Rodríguez Riquelme.

De esta lista, Paris y Pincheira eran asesores del Presidente Salvador Allende y el resto eran integrantes de la seguridad personal (GAP) del Mandatario. Las identidades de Lagos, Moreno, Tapia y Vargas, aparecieron como "lanzados al mar" en el informe sobre el destino final de 200 detenidos desaparecidos que entregó el Ejército en enero de 2001, luego de la mesa de diálogo de derechos humanos realizada en 2000.

"A pesar del paso del tiempo, de las limitaciones tecnológicas y de los obstáculos que pusieron los ejecutores de estos hechos, hemos logrado con el equipo multidisciplinario de la Unidad de Derechos Humanos de nuestro servicio, avanzar en el proceso de identificación de víctimas de la dictadura con metodología muy acuciosa en el área de la Arqueología, la Antropología, como también de los laboratorios extranjeros acreditados para la extracción de ADN, obteniendo resultados positivos", dijo el doctor Patricio Bustos.

El 11 de septiembre de 1973 en La Moneda y alrededores fueron arrestados cerca de 40 personas, la mayoría de ellos asesores y GAP de Allende. Los detenidos fueron llevados al regimiento Tacna y dos días después sacaron a unos 20 de ellos en dos camiones, los condujeron al campo de entrenamiento de Peldehue, al norte de Santiago, y los mataron disparándoles con ametralladora. Comandante del Tacna era entonces el coronel Joaquín Ramírez Pineda.

Quienes recibieron a los detenidos en Peldehue para supervisar que efectivamente los eliminaran, fueron el mayor Pedro Espinoza Bravo, quien después integró la Caravana de la Muerte y la DINA, y el teniente Julio Vandorsee Cerda.

El entonces subteniente del Tacna Jorge Iván Herrera López manejó la ametralladora matándolos de a uno en uno, como lo contó a La Nación Domingo en diciembre de 2002. Los cuerpos fueron arrojados a un pozo seco de unos 10 metros de profundidad que luego dinamitaron para cubrir los cadáveres.

EL DESENTIERRO

Cerca de la Navidad de 1978, un destacamento del Tacna que ahora comandaba el coronel Hernán Canales Varas, ubicó el pozo y desenterró los cuerpos para ensacarlos y lanzarlos al mar a bordo de un helicóptero Puma del Comando de Aviación del Ejército, entonces a cargo del coronel Fernando Darrigrandi Márquez.

El desentierro formó parte de la llamada Operación Retiro de Televisores que se desarrolló por todo el país para desenterrar los cuerpos de los prisioneros asesinados sepultados en fosas clandestinas, y lanzarlos al mar o incinerarlos como ocurrió en algunos regimientos del sur. La orden la impartió el dictador Augusto Pinochet a través de un criptograma de la Comandancia en Jefe del Ejército enviada a todos los regimientos del país a fines de 1978.

En el verano de 2001, la jueza Amanda Valdovinos inspeccionó el lugar en Peldehue y halló el pozo desde donde desenterraron los cuerpos. Desde allí se extrajeron cerca de 500 piezas óseas que quedaron del desentierro realizado con una retroexcavadora.

La información había sido aportada bajo reserva de identidad en la referida mesa de diálogo, sin embargo no correspondió al sitio donde finalmente se encontraron los restos.

Por el desentierro fueron condenados nueve oficiales y suboficiales (R) sólo a 270 días de prisión cada uno, con libertad vigilada.

El proceso por los crímenes de los desaparecidos de La Moneda sigue abierto y por el están procesados, entre otros, el mismo Pedro Espinoza, Ramírez Pineda, Jorge Iván Herrera, el general (R) Herman Brady, quien era el comandante de la Guarnición Militar de Santiago, y un grupo de suboficiales ya retirados que participaron en el traslado de los prisioneros a Peldehue y que luego también formaron parte del equipo que desenterró los cuerpos. Algunos de ellos son Eliseo Cornejo, Bernardo Soto, Teobaldo Mendoza y Juan Riquelme Silva.

 

Videos sobre el Dispositivo de Seguridad de Salvador Allende GAP

La información y materiales audiovisuales de terceros en este enlace son insertados, distribuidos y copiados con fines no comerciales para usos educativos, culturales y de memoria histórica.

 

Qué fue el GAP . . .

Salvador Allende . . .

GAP a 40 años del Golpe . . .

GAP: Grupo de Amigos Personales de Allende . . .

 

Último discurso de Salvador Allende

"La inmolación de Salvador Allende y el GAP."

Santiago de Chile. 11 de septiembre de 1973

7:55 A.M. Radio Corporación

Habla el presidente de la República desde el Palacio de La Moneda. Informaciones confirmadas señalan que un sector de la marinería habría aislado Valparaíso y que la ciudad estaría ocupada, lo que significa un levantamiento contra el Gobierno, del Gobierno legítimamente constituido, del Gobierno que está amparado por la ley y la voluntad del ciudadano.

En estas circunstancias, llamo a todos los trabajadores. Que ocupen sus puestos de trabajo, que concurran a sus fábricas, que mantengan la calma y serenidad. Hasta este momento en Santiago no se ha producido ningún movimiento extraordinario de tropas y, según me ha informado el jefe de la Guarnición, Santiago estaría acuartelado y normal.

En todo caso yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno, y me quedaré aquí defendiendo al Gobierno que represento por voluntad del pueblo. Lo que deseo, esencialmente, es que los trabajadores estén atentos, vigilantes y que eviten provocaciones. Como primera etapa tenemos que ver la respuesta, que espero sea positiva, de los soldados de la Patria, que han jurado defender el régimen establecido que es la expresión de la voluntad ciudadana, y que cumplirán con la doctrina que prestigió a Chile y le prestigia el profesionalismo de las Fuerzas Armadas. En estas circunstancias, tengo la certeza de que los soldados sabrán cumplir con su obligación. De todas maneras, el pueblo y los trabajadores, fundamentalmente, deben estar movilizados activamente, pero en sus sitios de trabajo, escuchando el llamado que pueda hacerle y las instrucciones que les dé el compañero presidente de la República.

8:15 A.M.

Trabajadores de Chile:

Les habla el presidente de la República. Las noticias que tenemos hasta estos instantes nos revelan la existencia de una insurrección de la Marina en la Provincia de Valparaíso. He ordenado que las tropas del Ejército se dirijan a Valparaíso para sofocar este intento golpista. Deben esperar la instrucciones que emanan de la Presidencia. Tengan la seguridad de que el Presidente permanecerá en el Palacio de La Moneda defendiendo el Gobierno de los Trabajadores. Tengan la certeza que haré respetar la voluntad del pueblo que me entregara el mando de la nación hasta el 4 de Noviembre de 1976. Deben permanecer atentos en sus sitios de trabajo a la espera de mis informaciones. Las fuerzas leales respetando el juramento hecho a las autoridades, junto a los trabajadores organizados, aplastarán el golpe fascista que amenaza a la Patria.

8:45 A.M.

Compañeros que me escuchan:

La situación es crítica, hacemos frente a un golpe de Estado en que participan la mayoría de las Fuerzas Armadas. En esta hora aciaga quiero recordarles algunas de mis palabras dichas el año 1971, se las digo con calma, con absoluta tranquilidad, yo no tengo pasta de apóstol ni de mesías. No tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea que el pueblo me ha dado. Pero que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer la voluntad mayoritaria de Chile; sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás. Que lo sepan, que lo oigan, que se lo graben profundamente: dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera, defenderé esta revolución chilena y defenderé el Gobierno porque es el mandato que el pueblo me ha entregado. No tengo otra alternativa. Sólo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo. Si me asesinan, el pueblo seguirá su ruta, seguirá el camino con la diferencia quizás que las cosas serán mucho más duras, mucho más violentas, porque será una lección objetiva muy clara para las masas de que esta gente no se detiene ante nada. Yo tenía contabilizada esta posibilidad, no la ofrezco ni la facilito. El proceso social no va a desaparecer porque desaparece un dirigente. Podrá demorarse, podrá prolongarse, pero a la postre no podrá detenerse. Compañeros, permanezcan atentos a las informaciones en sus sitios de trabajo, que el compañero Presidente no abandonará a su pueblo ni su sitio de trabajo. Permaneceré aquí en La Moneda inclusive a costa de mi propia vida.

9:03 A.M. Radio Magallanes

En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por mandato conciente de un Presidente que tiene la dignidad del cargo entregado por su pueblo en elecciones libres y democráticas. En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la Patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil: es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.

Pagaré con mi vida la defensa de los principios que son caros a esta Patria. Caerá un baldón sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltando a su palabra... rota la doctrina de las Fuerzas Armadas.

El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni debe dejarse masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor.

9:10 A.M.

Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

 

Escucha aquí él último discurso de Salvador Allende, pronunciado desde las 9.10 am

Así asesinaron a Salvador Allende

"La inmolación de Salvador Allende y el GAP."

Se cae a pedazos la versión del suicidio del mandatario socialista y Clarinet revela un informe del 12 de septiembre de 1973 de la Brigada de Homicidios de Investigaciones, jamás admitido oficialmente, que dice que el último romántico de este país, en realidad fue acribillado a balazos.

Por Enrique Gutiérrez A. y Horacio Marotta R. /ClariNe*

La Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, representada por el abogado Eduardo Contreras, pidió al ministro en visita Mario Carroza exhumar el cuerpo del presidente mártir Salvador Allende, en el marco de la investigación de varias causas reabiertas recientemente por violaciones a los derechos humanos.

Contreras, un diputado comunista por Chillán hasta septiembre de 1973, indicó que "entendemos el dolor de lafamilia ante algo como esto, pero lo más importante es la verdad histórica y la justicia".

Además, el abogado, hoy dedicado a causas de derechos humanos, presentó 403 querellas por 566 víctimas de la dictadura y en el caso de Allende se espera encontrar nuevos antecedentes que permitan echar por tierra la versiónoficial, emanada de la dictadura, del suicidio.

El juez Carroza, a su vez, anunció que inició la ronda de interrogatorios por la investigación de la muerte de Salvador Allende, que comenzaron con el medicó Patricio Guijón, el principal y dudoso testigo de la tiranía para avalar el supuesto suicidio. Guijón no era médico de Allende sino de su secretaria Miriam Contreras. Llevado a la isla Dawson y devuelto a Santiago en diciembre de 1973, nunca se le dejó salir deChile aunque no representaba un peligro para nadie y en los primeros meses estuvo detenido en Investigaciones, donde se realizaban en ese momento experimentos sobre lavado de cerebro, algunos de estos por parte del sicólogo Hernán Tuane.

Raro pero cierto

En esta etapa del proceso se pretende interrogar a testigos y personas que estuvieron en La Moneda la mañana del 11 septiembre de 1973, fecha de la muerte del mandatario socialista.

Es decir, a los pocos que quedan, porque en su mayoría fueron asesinados entre el 12 y el 14 de septiembre de ese año.

ClariNet tiene antecedentes jamás revelados públicamente hasta ahora, del informe de los detectives de la Brigada de Homicidios de la policía civil de Investigaciones que fueron llamados a La Moneda en llamas el 11 de septiembre de 1973 y entregado al día siguiente, donde estos ponen en duda la teoría del suicidio dada a conocer el propio 11 por el fallecido dictador Augusto Pinochet al comenzar la tarde, sobre caliente, antes de que se hiciera ni siquiera un examen forense del cuerpo.

Según los detectives especializados de aquella época, hoy fallecidos, la posición del cuerpo de Allende en el sillón donde se le encontró en un salón frente a la puerta de Morandé 80 del palacio de La Moneda, no era natural, daba al impresión que lo tiraron sobre el mueble de mala manera tras acribillarlo a balazos cuando aún estaba al pie de la escalera que llevaba al segundo piso de Morandé 80, donde se quedó con su arma tras obligar a bajar a sus últimos compañeros, en un intento por salvarle la vida que no tuvo resultado alguno.

Tampoco, se dijo, era normal la posición del fusil AKA que tenía entre sus piernas y que tal como estaba, no habría posibilitado un supuesto balazo en la barbilla cuando Allende aún vivía.

Además se hizo notar que un disparo de un arma de esa potencia en el mentón, habría destruido por completo la cabeza del mandatario no solo su cráneo trasero.

Igualmente se indicó que a simple vista, Allende aparecía con más de treinta impactos de bala de fusil, algunos de los cuales los recibió con vida dado que eran heridas sangrantes, un detalle que fácilmente corroboraría un examen forense oportuno.

Obviamente que una persona alcanzada por las balas de los fusiles Sig que usaban los asaltantes de La Moneda habría tenido muy escasas posibilidades de sentarse en un sillón, colocar su AKA entre las piernas, apoyar la barbilla en el cañón y apretar el gatillo. Y menos Guijón tiempo y sangre fría para ser un tranquilo espectador e todo esto.

Este informe de la Brigada de Homicidios nunca se tomó en cuenta y debió ser destruido porque contradecía la versión oficial de la Junta Militar, posiblemente consensuada con la embajada de los Estados Unidos porque el primero que la dio a conocer fue el propio Pinochet, curiosamente champurreando en un pésimo inglés.

La versión policial sólo circuló en conversaciones privadas entre detectives, uno de los cuales le hizo la revelación a la esposa de un periodista del desaparecido diario Clarín, dado que eran amigos personales y el policía acudió a la señora para conocer la suerte corrida por su amigo tras el golpe.

Como demuestran las grabaciones de la radio que usaban los golpistas para comunicarse entre ellos, captadas por al embajada cubana en Santiago – a la que se intento asaltar y que libró un cruento combate con fuerzas golpistas --, que luego fueron dadas a conocer en un programa de Radio Habana, se escucha a Pinochet, con su característica “voz de perro” como dijo en su momento la BBC de Londres, llamando al contra almirante Patricio Carvajal Prado, coordinador del sanguinario cuartelazo contra un pueblo indefenso.

La comunicación se hace cuando recién había terminado el combate en La Moneda, al comenzar la tarde del 11, una versión que después se cambia diciendo que Carvajal fue quien llamó al dictador, pero están las grabaciones cubanas que no mienten.

Pinochet dice que para evitar “moros en al costa”, es decir oídos indiscretos, va a hablar en inglés y luego indica en ese idioma: “Allende cometió suicidio”, textual.

Curiosamente esa revelación la hace desde su escondrijo en un bunker en Peñalolén a kilómetros de La Moneda, a un Carvajal Prado que estaba en el ministerio de Defensa, a menos de 150 metros del palacio presidencial.

No deja de ser extraño, porque por mucho que los asaltantes fuesen miembros el Ejército comandados por el general traidor Javier Palacios y que resulta lógico que este informara primero de lo sucedido a su jefe, Pinochet.

Pero de allí a que Carvajal, en su papel de hombre que manejaba los hilos de la toma del poder a sangre y fuego, a poco más de una cuadra de distancia de lo sucedido, no se enterara, resulta difícil de creer.

El segundo hecho es que Pinochet habla en inglés para presuntamente “preservar” el secreto. Por muy imbécil e ignorante que haya sido, no podía dejar de saber que había decenas de miles de personas en ese momento en el país que hablaban o en el peor de los casos, comprendían esa lengua y algo tan fácil de discernir como la corta frase dicha por el ladrón y genocida.

Más de un diplomático que había estado en Santiago para el golpe, meses después tras conocerse el programa de Radio Habana, opinaron, en la ciudad de México para mayor precisión, que posiblemente el hecho de hablar en inglés no significaba otra cosa mas que la clave para confirmar la aceptación de la embajada de Washington, a la tesis del suicidio.

Recordaban que eran precisamente Richard Nixon y su secretario de Estado, el criminal de guerra Henry Kissinger los más interesados en la desaparición de Allende.

Tampoco es menor que Allende fue enterrado clandestinamente en Viña del Mar con el pretexto de que no le convirtieran en una animita, y que a la única asistentes a este funeral de noche y sumamente tenso, Hortensia Bussi, no se le permitió ver el cuerpo. ¿Por qué?

Para entender mejor este hecho es necesario saber quien fue el vicealmirante Carvajal. En 1973 era el jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional y uno de los principales instigadores del golpe militar. Nació en 1929. Se suicidó el 14 de julio de 1994. Fue casado y su esposa le atribuyó cuatro hijos.

Graduado de guardiamarina en 1935, en el año 1941, fue ascendido a teniente; en 1950 fue promovido a capitán de Corbeta, y en 1955, a capitán de Fragata. Carvajal era especialista en artillería. En 1958, fue enviado a Estados Unidos, donde se convirtió en colaborador de la CIA, para realizar estudios de Táctica Antisubmarina, pus los gringos estaban obsesionados con los sumergibles soviéticos en el Estrecho de Magallanes Al regresar a Chile fue nombrado comandante del buque escuela Esmeralda. En 1966, fue nombrado agregado naval en Londres donde se contactó con el MI-6 británico. Desde 1967 fue jefe de Estado Mayor de la Armada.

En 1968, Patricio Carvajal conoció a los entonces coroneles Augusto Pinochet del Ejército y a Gustavo Leigh de la Fuerza Aérea en un curso de Alto Mando. Había sido condiscípulo del vicealmirante borracho traidor y cobarde de José Toribio Merino.

La Armada fue la principal promotora del golpe de Estado y Carvajal fue el hombre clave. Así lo señaló el asesinado Orlando Letelier, aún ministro de Defensa el día 11, en un testimonio:

"Carvajal, como jefe de Estado Mayor Conjunto, era el hombre de enlace de todo el grupo de los oficiales reaccionarios. Coordinaba las acciones de los golpistas dentro de las tres ramas de las Fuerzas Armadas, como ocurrió efectivamente en el momento del golpe de Estado.

El gobierno de Salvador Allende y el almirante (constitucionalista) Montero estaban en conocimiento de esta situación, pero Montero opinó que era preferible esperar hasta la próxima Junta de Calificación -que se haría de todos los almirantes hacia fin de año- para la salida, fundamentalmente, de dos personas, Merino y Carvajal, a los cuales ya se les había cumplido el plazo de cuarenta años de servicio para su renuncia”.

Poco antes de las siete de la mañana del 11 de septiembre, el presidente Allende llamó a Orlando Letelier, desde su casa de Tomás Moro. Orlando Letelier trató de hacer contacto con Montero, con Pinochet, y con Leigh.

Dice que en un momento determinado llamó a su oficina, y le surgió la voz de su ayudante, el comandante González, y detrás la de Carvajal. "Carvajal tenía ahí la opción de colgar el teléfono -cosa que me habría hecho sospechar de que había una situación extraordinariamente anormal- o de tratar de hablar conmigo. Optó por la segunda. Cuando le dije que tenía información de que había tropas en Santiago, me contestó: Mire, ministro yo creo que es una información equivocada. Le dije: "No, almirante, no tengo ninguna información equivocada".

Entonces me dijo: "Mire, voy a tratar de averiguar." El tipo empezó a tartamudear. Trató de darme mil explicaciones elusivas. Finalmente le dije: "Mire, almirante, yo voy a ir al ministerio".

No me dio ninguna información precisa sino que trató de decirme que había un error, que no había tropas en Santiago. "Mire, ministro, no sé qué le podría decir, voy a tratar de averiguar".

Momentos antes de las seis de la mañana, el vicealmirante Carvajal llegó a su despacho en el ministerio de Defensa, lugar que se transformaría ese día en su puesto de combate. Tras él llegaron los generales Nicanor Díaz Estrada de la Fuerza Aérea, y Sergio Nuño del Ejército.

Cuando, media hora después, el presidente Salvador Allende, trata de comunicarse con los jefes castrenses, inubicables con excepción del general Hermán Brady que da respuestas vagas y se queja al vicealmirante Patricio Carvajal, de que Salvador Allende "lo molesta", Carvajal hace cortar el teléfono directo presidencial de la residencia de Tomás Moro. “Una vez en La Moneda, a eso de las nueve y media, Salvador Allende habla por primera vez con Patricio Carvajal, quien lo intima a rendirse, garantizándole su integridad física y un avión para trasladarse, con su familia, al punto del extranjero que quisiese”.

Para estar más claros y dejar en evidencia los siniestros fines del llamado de Pinochet a Carvajal, el general Javier Palacios hace como que descubre el cuerpo sin vida del presidente Allende, transmite la información al general Nuño quien se la comunica a Carvajal. Ahí Pinochet, le confirma en inglés: "I repeat, Allende comitted suicide and is dead now".

Para mayores datos, quienes fueron llevados como detenidos al ministerio de Defensa, vieron a los miembros de la Misión Militar de Estados Unidos, incluso vestidos con sus uniformes normales, moviéndose libremente por los pisos e impartiendo órdenes. Entre muchos testigos, el senador socialista de esos años Aniceto Rodríguez, ya fallecido.

Luego, Carvajal mantiene un rol protagonista durante la dictadura.

Incluso en febrero de 1983 fue designado nuevamente ministro de Defensa, ocupando esa cartera hasta 1986, en el peor momento de las protestas populares, lo que indica su calidad de duro del régimen.

 

Confesión de Riveros Valderrama: "Yo maté al tirano"

"La inmolación de Salvador Allende y el GAP."

La casualidad quiso que a pocos meses del Golpe, Robinson Guerrero viviera un hecho que marcó su vida y que podría cambiar la Historia del país. Detenido por una mala coincidencia en manos de un militar, escuchó de su propia boca la confesión de asesinato del Presidente Salvador Allende y vio cómo se ufanaba de portar el reloj desaparecido del ex Mandatario. 

En entrevista exclusiva con Juan Pablo Cárdenas narra los detalles de horas que hoy pueden ser cruciales para desentrañar uno de los hechos que han generado más controversia en los últimos años en el país: cómo murió realmente Salvador Allende.

En enero de 1974 ocurrió un hecho que puede ser revelador para explicarse lo que había ocurrido pocas semanas antes en La Moneda. Por más que exista una resolución judicial, persisten algunas dudas sobre lo que ocurrió en el Palacio de Gobierno el 11 de septiembre de 1973.

Un libro reciente de la periodista Maura Brescia, “La verdad sobre su muerte”, referido al extinto Presidente Allende, entrega datos muy contundentes sobre la muerte del Jefe de Estado y cómo habría sido asesinado o caído en combate y no se habría suicidado, como es la versión oficial.

Nadie puede poner en cuestión el heroísmo de Allende, pero la incertidumbre rondará por mucho tiempo respecto de lo que pasó en ese instante, pese a que el ministro Mario Carroza, quien ha llevado esta causa, no ha encontrado evidencia contundente sobre la posibilidad de que Allende haya sido asesinado.

Hay contradicciones enormes entre las autopsias que le practicaron, hay testigos que declaran en sentido muy opuesto sobre lo acontecido en esas horas en La Moneda. Hay interpretaciones varias, pero en definitiva, el ministro Carroza ha decidido asumir la tesis del suicidio de Salvador Allende.

Es, en todo caso, un hecho de la causa, que los militares que ingresaron a La Moneda ese día tuvieron al menos un par de horas para haber arreglado cualquier versión sobre la muerte del Presidente, como lo indica la propia periodista Maura Brescia en su libro, y otros testimonios anteriores, como el que, por ejemplo, dio el periodista Camilo Tauffik, en que también se aseguraba que Allende había sido ejecutado.

El propio general Javier Palacios, quien estuvo a cargo del ingreso a La Moneda, en sus primeras declaraciones desmiente la trama del suicidio, cuando dice que encontró a Allende cerca de la escalera principal en el acceso al segundo piso, que lo encontró botado en el suelo, y que lo habría reconocido por su particular reloj. Como se sabe también, el general Palacios, esa misma noche del 11 de septiembre, fue destinado a Brasil, en lo que algunos sospechan que fue una estratagema militar para alejarlo de los acontecimientos y construir la versión que sostuvieron los militares, en términos del suicidio de Salvador Allende.

En La Moneda hubo muchos muertos, personas que no vivieron ni siquiera como detenidos para poder haber dado una explicación de los hechos, pero consta que el doctor Enrique Paris, quien era un amigo dilecto del Presidente de la República, cuando salió rendido de La Moneda, gritó muy fuerte “¡Asesinos, mataron al Presidente!”, y luego fuera, como tantos otros, detenido y ultimado.

La propia declaración que hace Armando Fernández Larios, uno de los oficiales jóvenes que ingresó con Palacios a La Moneda, en una declaración que prestó en Estados Unidos, frente al fiscal Propper, reconoce que el Presidente Allende fue acribillado por el teniente René Riveros Valderrama, un joven oficial de pelo rubio, como describe el propio fiscal Propper en su famoso libro “Laberinto”, en el que desde Estados Unidos oficializa la idea de que Allende habría sido ultimado y no se habría suicidado.

En conversación exclusiva con Juan Pablo Cárdenas, Robinson Guerrero relata el encuentro con el mismo sospechoso descrito por Larios, quien le habría confesado haber matado a Salvador Allende.

En enero de 1974, Robinson Manuel Guerrero Álvarez  fue detenido y maltratado por varias horas por un joven oficial, que obedece justamente a la descripción que hace Fernández Larios del hipotético asesino de Salvador Allende, y que mientras lo tenía detenido se ufanó de haber sido él quien realmente mató a Salvador Allende, al mismo tiempo de exhibirle, en su muñeca el reloj de Allende, el mismo que observó el general Palacios, y que misteriosamente desapareciera de La Moneda, pese a que el reloj está declarado dentro del protocolo que dejaron los militares respecto de todas las pertenencias de Allende que se encontraron  en La Moneda. Curiosamente, este reloj nunca apareció, sin embargo, el ingeniero mecánico asegura haberlo observado en manos de quien lo detuviera y lo hiciera pasar este mal rato:

 

¿En qué circunstancias te detuvieron?

Yo trabajaba en Endesa y estaba destinado a Socometal, una fábrica de estructuras que estaba en Renca. Venía desde mi lugar de trabajo, después de la salida, por Vivaceta cruzando Balmaceda, para entrar por la calle paralela a Manuel Rodríguez. Yo venía manejando una citroneta con dos compañeros de trabajo. En ese cruce veo que viene una camioneta celeste, con carpa, la reconocí inmediatamente como una camioneta de Endesa. Me detengo, y la camioneta, que venía muy rápido, tiene que disminuir la velocidad. Me quedo esperando que cruce por delante, esperando encontrarme con alguien de Endesa. Me doy cuenta que es un militar que va conduciendo. Inmediatamente que pasa, se detiene de una frenada brusca. Se baja él y hace bajar a dos conscriptos que traía en el pick up de la camioneta, que se bajan con las metralletas en ristre. Este tipo me pide los documentos. Yo no sabía por qué me estaba parando. Me dice que lo siga. Lo seguí hasta la Quinta Normal, donde habían instalado un cuartel provisorio, de la Escuela de Infantería de San Bernardo. Llego hasta el estacionamiento, me detengo al lado de la camioneta y se baja indignado y me dice que qué picante y qué ralea humana es capaz de estacionarse al lado de su vehículo, por lo que me dice que saque mi citroneta inmediatamente de ahí y la ponga al frente. Después de eso me llevó a una oficina con los dos conscriptos que me apuntaba desde atrás, me quitó el reloj, el cinturón, la corbata, los cordones de los zapatos y me llevó frente a un paredón donde me dejó detenido con las manos en la nuca, a pleno sol por la espalda, un par de horas, con los militares apuntándome, con órdenes de que si me movía, me acribillaran.

 

¿Qué fue lo que le irritó tanto?

Eso lo supe después, porque al cabo de las dos horas que me fue a buscar, me llevó a la oficina. Le dije que era ingeniero de la Universidad Técnica y me dijo que tenía mirada de marxista, que esa era otra razón para detenerme. Esta vez, volvió sin la chaqueta militar, venía con una camiseta blanca, se había sacado la pistola que tenía en el cinto del pantalón y también se había sacado el corvo. En la oficina, me dice: “Yo soy René Riveros Valderrama, pertenezco al Ejército de Chile y además, pertenezco a la raza de los libertadores de Chile, y yo soy el que mató al tirano”. En ese instante hace el gesto de levantar su brazo izquierdo, mostrarme la muñeca, con un reloj y decirme: “Este es mi botín de guerra y este era del tirano, yo maté al tirano”.

René Riveros Valderrama

René Riveros era un joven teniente, que rápidamente fue ascendido a capitán, y con el tiempo se ha comprobado que formó parte de la DINA, donde participó en la Brigada Lautaro, que cometió varios despropósitos en contra de los derechos humanos. Un teniente que coincide con la descripción de sus características físicas que hizo Fernández Larios en Estados Unidos.

Sí, medía sobre 1,75 cm., era un tipo de unos 28 ó 30 años de edad, rubio de ojos claros. Él me dijo que él era dueño de mi vida, me dijo que podía hacer lo que quisiera conmigo.

De hecho, según información que se conoce ahora, Fernández Larios y René Riveros ingresaron juntos a la DINA.

 

¿Cuánto rato permaneciste detenido?

Un par de horas al sol, con las manos en la nuca y apuntado por dos conscriptos.

Pero finalmente te dejó ir

 

¿Tú andabas acompañado?

Sí, andaba con dos compañeros de trabajo, que eran ayudantes míos. Ellos permanecieron todo el rato en la citroneta. Solamente me tomó a mí y a los otros dos los dejó arriba, pero ellos lo vieron al momento de la detención, lo vieron cuando me llevó a este paredón, cuando él mismo me fue a buscar y cuando me salió a dejar afuera. Eso es lo que más pena y rabia me daba, con todo lo que me había humillado, y cómo me había tratado, fue que al momento en que él me libera, llama a un conscripto, que era de origen mapuche y le decía alemán, lo llama y le dice: “tráele los objetos del señor Guerrero” y me los entrega, me pide que me ponga la corbata y el cinturón de nuevo porque tengo que salir tal cuál entré, se despide de mí, me da la mano (se la tuve que dar por las circunstancias), y me dice: “váyase, hasta luego, pero cuídese porque nosotros sabemos todo lo que pasa en Chile”.

René Riveros se habría reconocido como el autor de haber dado muerte a Salvador Allende y de lucir en su mano como trofeo el propio reloj de Allende, que es una especie que nunca ha aparecido entre las que se reconocieron que tenía al momento de su muerte en La Moneda.

 

¿Las personas con las que andabas podrían declarar ante el tribunal?

Sí, para efectos de reconocimiento de este personaje, pueden declarar perfectamente, porque ellos lo vieron, al igual que yo.

René Riveros es un oficial que fue considerado “héroe” por haber ingresado a La Moneda, y después, como dijimos, formó parte de la DINA y en un momento determinado salió del país para realizar operaciones en el extranjero, como lo han considerado en otras causas judiciales.

La intención de esta entrevista es consignar que una persona, a propósito de un incidente callejero, se ufanó de haberle dado muerte a Allende. Es un oficial que está en retiro, que sigue vivo, y que pudiera poder ser convocado por el ministro Carroza para que rindiera testimonio, al igual que usted, que está dispuesto a acudir al tribunal.

Lo que ha hecho la justicia es hacerse cargo del testimonio que dio el doctor Guijón, que se encontraba en La Moneda, quien el único que categóricamente dice haber observado a Allende recién suicidado en su despacho, pero en una versión que también está muy contradicha por otro tipo de circunstancias, como la vestimenta con la que encontraron al Presidente, y por el hecho más extraño de todos: el doctor Guijón fue obligado por los militares a permanecer durante los 17 años de la dictadura en Chile con orden de arraigo. Muchos temen que habría convenido con los militares ser un testigo falso en este caso. Otros partidarios de Allende les hace mucho peso esta declaración, pero también el testimonio que habría rendido el propio Presidente de la República en su discurso de despedida en que dice que va a pagar con su vida la lealtad del pueblo. Sin embargo, otros interpretan que la disposición del Presidente era perder la vida en la lucha por su cargo y la dignidad, en ningún caso suicidarse.

Las primeras versiones que se dieron en el mundo después del 11 de septiembre de 1973 fue que Allende habría sido ultimado, así lo atestiguan los oficiales que salieron a Estados Unidos, así lo atestigua la primera declaración del general Palacios, pero todo esto después se ha contradicho con esta versión oficial de suicidio, que para algunos sería un montaje.

Yo en ese momento era un detenido, por lo tanto, la confesión que él me entrega no lo hace bajo presión o amenaza, él solamente trata de destacar la grandeza que él tenía con respecto a mí, porque había sido el que había matado a Salvador Allende y el que tenía el poder en ese momento. Yo no le estaba preguntando nada ni presionándolo.

 

¿Intentaste dejar testimonio antes?

Sí, ante la Comisión Valech, y me dijeron que no tenía importancia y que, en el fondo, aunque yo hubiese sido maltratado o sometido a una tortura sicológica por un par de horas había salido demasiado bien del incidente, por lo tanto, no había nada. Yo lo que quería destacar no era eso, sino el asesinato de Allende.